Oyasumi Punpun: Despertando de la cotidianidad

Abrir un portal hacia lo que en algún momento quiso ser borrado y reencontrarnos con nuestras antiguas formas, es el paseo caótico por el que nos llevará este manga de Inio Asano.

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Si deseas que una historia remueva las fibras de tu mente, sensibilidad, ser y que te deje estancado pensando en los por qué si, por qué no; Oyasumi Punpun de Asano Inio resulta siendo un tumulto de imágenes y viñetas que arrancan, pero que no te vuelven a emparchar las heridas. Aunque eso intenten en su final.

Fanart de Chimozuki- Oyasumi Punpun

Antes de leer este manga surge la incógnita de qué va- recuentos de la vida, estilo de biografía, diario- y yo creo que no entra en ninguna categoría. Aun así debo someterme al acto de resumirla para contextualizar esto. La historia abarca el intervalo de los 20 años de vida de Punpun; desde que ve en sus días de primaria por primera vez a Aiko; una niña que recién empieza en ese colegio, y de la cual se enamora, hasta la ausencia de ella.

El retorno de Aiko implica… (Por respeto lo demás se deja a la imaginación o a la lectura del manga).

La historia resumida suena simple, creo que lo único que podría rescatarse en un resumen es que Punpun es un garabato de un pájaro; aun siendo un aspecto peculiar no es en ello donde radica ese elemento que revuelve a su lector.  Hay obras que te revuelven y cumplen la meta de convertirte en ese ser cuestionante, existencialista y deprimente; pero Oyasumi Punpun toma la cotidianidad como ese parasito (constante, valga la redundancia) con el que no puedes olvidar la mirada  caótica e inocencia en cada gesto de Aiko; el “rostro” despersonificado y en la contradicción de ser empático de Punpun.

Oyasumi Punpun-Tomo 13

Las incógnitas de la cotidianidad

El vivir cada día, recordarte esa pregunta tomentosa de ¿qué estoy haciendo? recordarte los amores que tuviste, las desgracias que agrandas o que evades; recordar cuanto duele haber perdido, la vergüenza o sinvergüenza de haber jugado con las personas. Ponerte a pesar en tus trayectos diarios en la particularidad de cada individuo; en tu infancia, en tus padres,  en tu familia muy deforme o aparentemente estable. Esa cotidianidad que puede llegar a ser la cúspide de la tranquilidad se convierte mediante este manga en algo que te cuestionaras por algunos días. Esa sensación que arde y que has querido evitar retornara y no precisamente en un buen sentido.

En algún momento del manga, Sachi, a quien yo llamaría el personaje rescatista, dice que en general las historias se construyen con el objetivo de que todo lector quiera escapar de su realidad y que ella no desea hacer eso; que vendría a ser la voz de Asano diciendo lo que quiso hacer, y que sin duda está logrado. Oyasumi Punpun no es una historia para escapar o  fantasear fuera de tu realidad, es una patada en el estómago desde el inicio hasta el final. Entonces ¿por qué leerla?

Abriendo heridas

La verdad es que después de mucho tiempo no me sometí a un acto de lectura que llega a ser masoquista, pero de disfrute, sí, acto extraño pero que me siento capaz de explicar.

Repetidas veces durante la historia muchos personajes dirán lo que uno puede llegar a sentir por Punpun, impotencia. Ese acto de querer que reaccione de su enorme depresión. En esa acción de querer despertarlo de ese estado, es como darte cuenta que no quieres tocar esos recuerdos; no quieres abrir heridas propias, quieres olvidarte, que es el efecto de esa anestesia llamada cotidianidad. No quieres identificarte con Punpun porque eso implicaría abrir un portal oscuro, entonces ¿por qué hacerlo?

Me animo a decir porque es necesario, es necesario salir un momento de ese estado de anestesia; cuestionar por qué las cosas pasaron, por qué a pesar de haber perdido seres importantes o no seguimos fluyendo. ¿Es bueno? ¿malo? no hay una moraleja y no tiene porque haberla.

El sentido es pensar un poco, sentir el dolor o la felicidad de esos recuerdos, sentir miedo, revivir sensaciones; porque al final resulta que de aquello que más nos ha lastimado y, eso está muy bien planteado en la historia, nos transformamos; no con el objetivo de ser mejores, simplemente vamos mutando. Primero somos ese garabato de pollo inocente enamorándose por primera vez, luego un pájaro que empieza quitarse esa capa de protección de la infancia para darse cuenta de su entorno. En algún momento mutaremos en otra cosa porque estamos cansados de lo que somos. Más adelante seremos una mancha negra, y luego otra vez lo que fuimos y así sucesivamente.

Oyasumi Punpun-Tomo 10

Y al final…

Al final terminaremos extrañando personajes, por cuánto mutaron, porque cambiaron o porque esa metamorfosis no pudo parir nada. Alguna vez Roland Barthes decía que el adjetivo es un asesino, es difícil no adjetivar esta historia. Tal vez una cae en ese acto de reciprocidad porque la historia te lastima muchas veces. Sin que te des cuenta terminas viendo una página del manga por muchos minutos, porque no quieres ver lo que sigue, o porque ha tocado esas fibras que pretendemos guardar.

Al final me quedo con una imagen y es la de Punpun despidiéndose rodeado de personas que le han tomado cariño, personas que lo soportan; que no pueden dejarlo por actos egoístas o humildes. En fin, que estarán ahí.

Lo vi de pie, supongo que así acabamos en general, de pie, con muchas heridas reales o metafóricas en el cuerpo. Volviendo a esa cotidianidad que por más tramposa que sea es cálida. Es como el capullo de ese garabato de pájaro, y es verdad que luego de un trayecto de varios capítulos siguiendo la historia de Punpun, siguiendo paralelamente nuestra historia; en un acto agradablemente doloroso la anestesia regresa. Una anestesia que tiene irrupciones que estoy convencida que son las que le dan sentido a esta particular vida.

Oyasumi Punpun-Tomo 13